jueves, 6 de diciembre de 2012

El alma desterrada

El alma desterrada

El corazón no duele,
pero a cambio
el cuerpo desaparece.


La sangre me hierve
y cuando llega a su natural
condensación por el frío
que me rodea, me chorrean
las lágrimas, agua y sales
como la urea que al matojo reverdece,
el poso es tierra donde
el cañaveral germina y crece,
mas estoy
a revienta calderas
y el barco de vapor
busca el otro motor
de aceite y gas
que me suprima
de esta artificial suerte
de esperar sobre cabezos rojos
cuando los amarillos
me destilaron
los siete colores del arco iris,
me explosione
y, convertida en humo
y celeste e intangible,
vuele por los aires
hasta mi padre marítimo
una vez
él también se condense
en olas de salinas
y reales y blancas
tempestades o ciudades,
no importa
si pequeñas o grandes urbes.

5 de diciembre de 2012 (Los cabezos amarillos)

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