lunes, 16 de abril de 2012

Proyecto editorial V: reflexiones a pie de obra

Mi cabeza es un hervidero de reflexiones estos días. Extraigo anotaciones que me sobrevienen mientras continuamos poniendo en pie nuestro proyecto "El Potro ediciones". Ya está casi diseñada la página que Pablo está preparando, me emocioné, con lágrimas incluidas, cuando pude verla hace dos días, de bonita y hermosa que es.



Lo que nos persigue es que la obra pueda contar con un soporte y contexto adecuado de exposición al resto de los seres humanos. Sin exposición la obra no termina de hacerse. Sin el contexto adecuado, la belleza, la bondad de lo hecho no termina de poder ser valorado por el resto de los seres humanos. Actualmente el proceso editorial en papel ( y en e-book y en pdf) sufre una degeneración motivada por la necesidad de abaratamiento en el proceso industrial del libro que repercute negativamente en esa exposición de la obra, y como consecuencia en la obra en sí misma, y también por consiguiente en el nivel del mérito de autoría. La obra sin soporte adecuado casi no existe por mucho que en la mente del que la creó sí lo haga.
Hasta ahora el soporte adecuado era el papel, pero como este se ha visto sometido al terremoto que producido la irrupción de este medio en el proceso cultural humano, no encontramos con un hecho de libro si no "quemado" sí descuajaringado, destrozado, roto, fruto de ese abaratamiendo en su proceso industrial. Y lógicamente no nos referimos a la calidad de las materias primas físicas, sino al cuidado en "lo otro" que se necesita para la hechura de un libro, el factor interviniente humano, esto es, el mismo proceso editor.
Duelen los ojos de contemplar cómo se maquetan la mayoría de las publicaciones en papel hoy en día, duelen los ojos por la ausencia de revisión en los textos que salta a los ojos nada más abrir un libro, o un pdf (hay que ahorrar en personal, hay que contratar a muchos dado que hoy en día cualquiera puede "mandar" publicar su obra, hay mucha demanda de "poder publicar", hoy en día el cliente no es el lector, sino el autor, no hay tanto experto en edición, en maquetación, en diseño) cuando no de correcciones, duelen los ojos por la ausencia de calidad en el diseño que sostendrá a la obra expuesta. No hablemos ya de las imágenes que suelen servir de atractivo de compra de las mismas.
Y quien sufre todo ese proceso degenerativo es la obra en sí. Nos encontramos con textos que mentalmente son joyas de la literatura que, sin embargo, al no haber sido dignamente tratados por el proceso editorial, resultan casi imposibles de ser percibidos en todo su valor.
Nos encontramos también con el hecho contrario: se ha fomentado la tergiversación del concepto mental de obra en sí, podríamos decir que hasta casi destruirlo, dejando ruinas y cascotes en su lugar cerebral.

Como el soporte tradicional, el papel, ha necesitado de la producción en masa para poder sostenerse en este terremoto económico, se ha favorecido, se ha fomentado a mansalva la posibilidad de publicar en papel, tergiversando el sentido de prestigio que ella conlleva, es decir, traspasando el valor de prestigio del hecho del papel al contenido que lleva, cuando, y a la vista está, y comprobable por todos es, el contenido de un libro en papel (o en pdf o en e-book porque la mayoría de las editoriales han necesitado de incorporar estos soportes en sus producciones) actualmente deja mucho que desear en cuanto a calidad de obra autorial, hasta el punto de que casi se ha perdido en la mayoría de los "autores" (escribo el vocablo entre comillas porque muchos de los denominados como autores no pueden actualmente ser nombrados así) que figuran como tales en las portadas de los libros el hecho conceptual de lo que significa la palabra "obra" hecha.
Esta circunstancia, muy grave, ha conllevado un terremoto mental de más dolorosas consecuencias. Todos los humanos somos influenciables inconscientemente, y así nos encontramos con que autores de "hecho" no se consideran a sí mismos como tales por el simple hecho, valga la redundancia, de no haber visto su obra publicada, es decir, no serlo de "derecho", fuera de tal vez de ese propio blog que lleva adelante todos los días. Con lo cual el "modo" editorial/cultural actual está favoreciendo el hecho de la injusticia, no vamos a decir ya sobre humanos, que también, sino hasta sobre sí mismo, dado que, a este paso, el conjunto de obras que contribuyen a construir un acervo cultural pasará a estar formado por "entes" ( a todo no se les puede nombrar como obras) nulos en cuanto a calidad artística o meramente escritural y /o gráfica, y por tanto imposibles para actuar como toda obra cultural: influenciando positivamente, dejando huella en las mentes del resto de sus semejantes.
El soporte meramente virtual, el que pretendemos, no está reñido con el posible valor de la obra editada. La responsabilidad no la tiene el soporte, sino el factor interviniente humano, es decir la edición de la obra en sí. Como se añade además  que el soporte virtual que favoreceremos resulta barato en comparación con los otros (no necesita materia prima física, no necesita transporte, almacenaje, espacio, no necesita distribuición) no exige abaratamiento  de los costes "edicionales", es decir, no contribuye negativamente a la percepción de la obra y por tanto al proceso de enjuiciamiento que toda exposición de obra conlleva. Muy al contrario, por no exigir abaratamiento, puede permitirse el lujo de invertir mentalmente, esto es, humanamente, en la hechura positiva y adecuada a la obra que sea susceptible de, efectivamente, ser editada (no todo lo hecho, no todo lo escrito, lo grafiado, lo es o merece serlo).

2 comentarios:

rodax dijo...

Quiero verla ya =)

Sofía Serra Giráldez dijo...

jejejeje...it's top secret hasta que esté terminada del todo, aún nos faltan muuuchos detalles. Se necesita mucho trabajo detrás, muchas horas y quebraderos de cabeza. Tú lo sabes bien.
:)
Un beso

 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.