miércoles, 31 de agosto de 2011

El hundimiento

(Correcciones Nueva biología)


El hundimiento (la bailarina)


Y si tú te mantienes bajo el perro y el baile, danzaré.
Se someten extraños advientos,
son los soldados de la humareda
y la rosa blanca, la que aún no ha nacido.
Este des-sentir no perturba a nadie.
En la noche hueca llena de mejillas
vehementes apatías negocian
por desmembrarse entre tu desconsuelo y el mío.
Yo ya te amé, sol de mediodía.
Son difíciles los pasos
sin orilla que borre sus huellas
de marea dicha o quieta, ¡oh!,
¡cuánto crece mi afán por respirarte,
sal de mis fosas!, qué transparentes peces te habitan…
El sol no se quejó,
el sol duerme como cándido aceite
y bálsamo que vino a menos
más tú seré yo sin rastro.


… Si es que no merecemos ni un dios,
ni siquiera uno,
ni tan sólo uno
que quisiera.


2010 (Nueva Biología)

lunes, 29 de agosto de 2011

El hombre virgen

(Correcciones Nueva Biología)


El hombre virgen


Me pregunto de qué están hechas
las tórtolas que se posan sobre tu cabeza.
Nacen en la cuna del ámbar bajo las nubes
arrullando a las encinas. Son flores,
árboles que de tu cabello emergen,
géiseres en parque de sulfúricas sales.
Al final, es el mineral lo que nos construye,
las moléculas que se frenan
entonando a coro su canto
de armonías binarias universales.
¿Sabes de qué me alimento?
De tus aires de animal herido
y perdido de miedo entre la maleza.
Las zarzas se enganchan a la órbita
de los pasos dibujando en tu espinilla
que la Tierra es una, redonda y brillante:
Esta esfera que se opone, rodando,
no merece el espejo de tu tibia.


Sofía Serra, 2010. "Nueva Biología"

domingo, 28 de agosto de 2011

Las soldadas

(Correcciones "Nueva Biología")


Las soldadas (fusi(b)les)


Las muchachas sin dormidas,
las muchachas que organizan,
las muchachas con alcances
en sus ojos o en sus fauces,
las muchachas tan pragmáticas,
tan de plomo soldaditas,
saltan allende al-cantarita
a la pata coja en barcos de papiro.


… Hasta que se les duerme
fundido el órgano.


Sofía Serra, 2010. "Nueva Biología"

jueves, 25 de agosto de 2011

La puerta II

(Correcciones "Nueva Biología")


La puerta II


¡Ostras!
Bi-valvas.
Bib-al-buceantes,
al ajeno enmadran.


Y la perla se hace.








Sofía Serra, 2010. Nueva biología.

Sirena muda I y II (en agradecimiento a Beatriz Salas)

Ayer noche, Beatriz Salas tuvo la generosidad de incluir un poema de mi autoría en su blog A mi manera. Es el lugar que ella, acompañada del trabajo de selección musical de Ruth, dedica a exponer  poemas recitados por su propia voz. 
Con la intención y el deseo de agradecerle su trabajo, y desde luego su generosidad, hago esta entrada con el mismo poema acompañado de, tal vez, la segunda parte que le sigue, aunque en el poemario al que pertenecen no aparezcan continuos. Creo que a ella le gustará encontrarlos juntos.
Ruego, si no es mucho pedir,  que si os apetece hacer algún comentario lo dejéis en su blog, porque es ella quien merece la atención.


Sirena muda I


En ti confío ahora
que ni en mi voz
creo
oído
que me has hecho.


Ser, y un ser tras de mí
que no claudica.


Este sueño breve,
negligencia de aquel amanecer que con su silueta
despertó al son,
y el son
que te perdiste,
qué perdido huyes entre mis dedos
cuando me acaricio el pelo,
qué perdido,
qué pérdida esta sonrisa
a tiempo.
Lo inexplicable hace balanza de medida,
sueño cabalgaste, sueño
vetaste
rosas rojas en el mar.




Sirena muda II (poema del des (en) canto)


¿De qué nieve y tierra se alimentan los barrizales de tu olvido?




Me pregunto en este hueco qué hay de cierto
en este beso de la forma
al contenido de tu pecho
y del soneto que dibuja tu sonrisa,
tan lejos, tan lejos,
me pregunto qué, con acento de “lejos
quedan esas prendas que abastecen
tu rubia boca de día”,
me pregunto, acompañando al tiempo
le pregunto a mis dedos
fascinados ante tus fauces
abiertas al aire del claro de luna
invertida cuando crece o decrece…


Cara y clara fuente,
pintas al incólume clavel
que sobre ascuas se abrasó:
Aromaterapia
para mis rojas branquias.


Sofía Serra, 2010. Nueva Biología.




miércoles, 24 de agosto de 2011

Parirte, nuevo Hombre (Poética)

Parirte, nuevo Hombre (Poética)


Se me queda todo antiguo
como el hilo negro,


que combatiremos ya sin
derramamiento de sangre
con lujuriosos encuentros
entre el agua y la tierra
verdearán las rodaderas


esperaré a que los versos
se avengan a besar el ombligo
de tu nombre.
Y de mí se olviden,
y en el marasmo de ramas,
jarcias, rosas y velamen
se enreden solos
con ellos solos
celebren su fiesta
como ombligo tuyo.

Sofía Serra. Agosto, 2011

martes, 23 de agosto de 2011

Islas de luto y rosas

(Un mes, he tardado más de un mes en poder cerrar este poema)


Islas de luto y rosas


Si quieres volcar el mundo
lleva un suicida en tu bolsillo,
o una sobresaliente mirada
que desde tu nuca dé la vuelta
al Ecuador. Las peonzas
liberan meapilas por las esquinas
de las calles. Tan vacías se quedaron
cuando saliste del portal,
que ya se te olvidaron las ganas
en la bandeja de las llaves.
Y sólo quieres amor,
antes, aunque ya no hay nadie.


No sé cuando el sol se detendrá.
Ahora recuerdo que fui nada yo,
apenas mota posada en tu armadura.


Sonaron azules.
Mas tornaron al negro
las islas de vino y rosas.


Ya, sí.
Instalada la máquina del dolor,
los ojos se me abren.


Días negros en los que algunos
fueron salvados por la campana,
las tórtolas quedan
abrigando el seguro
silencio de la batida.
No quisieron ser más que unas pobres tórtolas
amarradas a tu figura gigantesca.
Tan enaltecedor tu doliente abrigo…


Estos días, enlutados días
de carne y hueso, se me han posado
en los hombros como aves cantoras
sin miedo.
Negarán el porvenir bajo la manta,
algunos,
mas nadie me hará olvidar
estos días. Devendrán
en vino de las islas
vengadas por la rosa.




Sofía Serra. 21 Julio-23 de agosto, 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

Cien pies y una salamandra

(Correcciones "Nueva Biología")


Cien pies y una salamandra


Blanca, avarientamente blanca,
me escarbo.
Sol, yo aquí. Vos, sin hueso.
Esta pérdida es mi norte,
¿cómo puedes vivir mi ausencia si aún no te has ido?


Salamandra vespertina,
qué bien suenan tus flores malvas
frutos de la vid que me despertó
sobre la clara piscina del día
cubierto con rosas flores,
y el trino del ambidiestro volante
que me conduce
por los pasillos de este hospital de guerra y luces,
un hospital en llamas.
Sentada quedo observando tu gesto de niño travieso.
Surtidor
que escala al cielo,
que al cielo escala
y luego
baja.


no sé qué es peor,
si un boomerang de canto
o un buey al pairo
de tu andanada sobre los verbos.
Son los dardos que las yerbas lanzan contra las tibias.
Ay, mi eremita andante, qué difícil
mover tantos pies desde la columna.


…De dónde llegan y hacia dónde van
vía intramuros.


Sofía Serra, 2010 (Nueva Biología)

domingo, 21 de agosto de 2011

Índice de "Los parasoles de Afrodita"

Como ya dejé escrito en este blog hace algún tiempo, para mí los índices de mis poemarios son importantes. Quien posea un ejemplar de "La presencia por la ausencia" habrá percibido que en ese libro el mismo aparece al principio, contrariamente a lo habitual en las ediciones de poesía. Una decisión mía. Ya expliqué en su momento, cuando terminé el de "Canto para esta era" el papel que para mí juegan, así que no me repetiré en esta entrada.
Baste con decir que cuando ya tengo el índice terminado, considero oportuno reflejarlo aquí.
Éste es el de "Los parasoles de Afrodita".

I. DEL ALBA DE LA ROJA LLAGA


Higuera que renace, fuego que me hizo
El himno de Afrodita
Del alba de la roja llaga
Sola al sol
Aire
Canto de amor mudo
A cielo abierto
Canto de amapola-libertad
Los cotiledones
El cansancio de Afrodita (que vuelvan los lilas)
Noche rosa clara


II. CAE EL CIELO


Cae el cielo
Flor de Mayo
Canto profano ante un dios sevillano (o dos)
Jacarandas en flor
La oración de Afrodita
La vieja
Nube
Olvido
Nueva geografía
Le petit trianon
Vértebras
A de Ave
A un artista de las dos dimensiones
Es Decir
Rosa y dorada noche
Poema para no titular
De dios al diablo
Turner


III. LOS PARASOLES DE AFRODITA


Clavados en mí misma
Doméstica poesía
Bailando con-suelo
ValGa-Moneda al aire
Cae la noche
Los parasoles de Afrodita
Transformers
Doméstica geometría
El parasol
El amor mío
La canción del guindo en flor
La muerte de Afrodita
Desgarro
In albi
Canto derramado
Célibe Afrodita


Los dos poemas finales de "Canto para esta era"

Sin piedad


Así que aquí me hallo, en la otra orilla.
No resulta sencillo caminar sobre las aguas,
mas ¿quién puede decir que no tenga agallas
que me hayan permitido bucear
bajo los límites licuados del aire?
Es sólo que ahora me toca callar.
Después vendrán los evangelios,
las inasumibles interpretaciones,
pero yo os digo que sólo recordéis esta voz mía,
esta por la que nombro al hombre sin piedad:
Que no os améis, que no os améis como yo os he amado.
Que no ceséis en la cesura de uno a otro,
que procuréis mantener siempre el contacto
entre el candente hielo de vuestra mejilla
y la mejilla del hermano… digo, del contrario.
Que uséis la prórroga en proporcionar atajo a quien os mira suplicante.
Que cimentéis vuestros pies, costureros venidos a menos,
sobre la aguja imposible del tacón cercano,
el asesino,
aquél de una sola puntilla,
aquél que abre herida en el albero y en la tierra,
y en la franca yerba que ventila vuestro nido,
piolet para el hielo.
Jugad a construir arquitecturas efímeras,
ésas que con el fuego arden en la otra carne viva
o en la que al viento se la lleva el viento
tergiversando los relatos de las vidas inocentes.
Seguid con vuestra mutua tortura hasta que terminéis La Labor,
que sólo así el mundo podrá crecer en paz.


(Conspicuo y abrasador este poema me quema como granada con argolla extraída)


Así que aquí me hallo,
en esta otra orilla tan blanca,
y yo tan sedienta como si hubiera navegado por todos los mares,
caldo de cultivo órbico.
No oscilo, perpetuamente íntegra, demasiado íntegra…


Así que ya, tras de ti y al paso
solícito y ferviente servidor de tu mirada,
me yergo sobre este lugar ajeno a los raseros y las yuntas.
Así que sin arte de magia, sino con humano encono,
ahuyenté por fin a las gaviotas salobres
y bajo las catedrales cristalinas renací como una diosa,
afrodita de la pensilvania (*),
quimera enrojecida por el tumulto y la feroz ardentía de las arenas.




Epílogo


En el límite de este entredicho
te propongo ajustemos cuentas
sobre los pasos dados
desde tu fiebre o la mía,
sin maniqueísmo ni torpes esdrújulas
que enturbien el mar alegre
donde podemos lavar nuestras manos.
Aquí tú y aquí yo
frente a la espera,
anudados por nuestra vital secuencia,
mirándonos los pies mutuamente,
contemplando cómo el borde salado
agiganta el vacío bajo nuestra posada,
nuestra común estancia arenosa.

Y, ahora, te pregunto:
¿Qué mejor hacer sino amarnos?


***


Sofía Serra, "Canto para esta era", verano de 2009 (fecho cuando lo termino de escribir sin correcciones)


(*)  Este verso me ha deparó gratas sorpresas, una de ellas:
Cuando, dos poemarios después, casi tres, titulé ese "tercero" como "Los parasoles de Afrodita", no tenía conciencia de que había escrito este verso. El nombrar a la diosa en ese poemario llegó por otros cauces completamente ajenos a los que favorecieron incluirla en este poema.

viernes, 19 de agosto de 2011

Las perseidas noches

Las perseidas noches


que ni dormir me consienten,


el calor avariento duerme hombres
y adoquines, se rebela aminorando
el ritmo vital consanguíneo
y correspondiente de clara luz,
la opacidad sucede al orto
como si el sol se hubiera caído
y echara el telón del escenario
sobre la esperanza.
Hay algo que hacer y no soy yo.
Descansan tranquilos los poderes del usufructo,
la menoscaba en las huertas.
La tartamudez de este verano
convive con la grave sombra,
lenta, gorda y reposante, como si el mundo
se hubiera hinchado y contenido
entre cláusulas de gomaespuma.
Duermen los lechos hinchados de noche hueca,
evacuan sus tripas de muelles,
vomitan el calor de látex
que suelda pieles a las aguas.


Se desalienta el aire inútil
de un mundo que se ha estropeado
y hemos dejado en la acera,
y nada dominará salvo las barrigas
sobre las que los ojos se desplazan,
lentos y grávidos
siguiendo el curso de las descarriadas
calles, plazas y playas.


Nulos transeúntes,
oscuridad del misterio,
negación de dioses.
No se hace el día.


Sofía Serra, Agosto 2011

jueves, 18 de agosto de 2011

Fotografía de la rosa

Creo yo, creo yo, que la autora de este blog por fin ha encontrado la fotografía de la rosa que desde mayo del año pasado lleva buscando.
No sabe qué sucederá mañana, pero al menos está completamente segura de que esos versos que escribió eran ciertos: "cuando sabemos, cuando ya sabemos, la rosa se fotografía."


La rosa profunda 


A los quinientos años de la Hégira
Persia miró desde sus alminares
la invasión de las lanzas del desierto
y Attar de Nishapur miró una rosa
y le dijo con tácita palabra
como el que piensa, no como el que reza:
Tu vaga esfera está en mi mano. El tiempo
nos encorva a los dos y nos ignora
en esta tarde de un jardín perdido.
Tu leve peso es húmedo en el aire.
La incesante pleamar de tu fragancia
sube a mi vieja cara que declina
pero te sé más lejos que aquel niño
que te entrevió en las láminas de un sueño
o aquí en este jardín, una mañana.
La blancura del sol puede ser tuya
o el oro de la luna o la bermeja
firmeza de la espada en la victoria.
Soy ciego y nada sé, pero preveo
que son más los caminos. Cada cosa
es infinitas cosas. Eres música,
firmamentos, palacios, ríos, ángeles,
rosa profunda, ilimitada, íntima,
que el Señor mostrará a mis ojos muertos.

(Autor: Jorge Luis Borges)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Helíade

(Correcciones Nueva Biología)


Helíade


En el borde del abismo,
juro que nunca me iré,
juro que siempre sostendré este insano equilibrio
a polvo de enterrarme bajo las alas,
a gota de nadar bajo el vientre
revirtiendo cielo y mar
transfundidos mutuamente.
Yo, helíade, cuajo lágrimas en el barro:
dón-de te has-me-ti-do,
Faetón de mis neuronas.
Por no esperar al navío
vengas a la tierra herida
que tú vengas en tus sales
que te sales por el fuego
mientras la península te hunde, te abate, te ordena:
hazte carne,
hazte hombre,
hazte ámbar de mis luces.


Sofía Serra, 2010

Rastros sobre el agua

En  Almiar (Margen Cero). Selección de poemas y fotografías.
Octubre de 2009.
Ver AQUÍ


lunes, 15 de agosto de 2011

La querencia

La querencia


Traduzco la síntesis entre la foto
y la malpartida de tu boca
cuando sonríes al cielo.
yo necesito un dentista
que me aligere las raíces
que en tu mella se me entierran.


Enhebrada y con sentido
voceo el alarido de tu nombre.
Comunicamos caminos
de fuego fagocitados
por el humo de la escarcha.
Nos conservarán como alcachofas,
flores verdes ahogadas
en cítricos mares transparentes.
¿Quién buceará hasta encontrarnos?
Sin batiscafo ni señuelo
argumentan inmersiones
en los otros como dioses.
El bote de cristal conservero
no claudica ante lo evidente.
No hay quien lo abra.


Sofía Serra. Agosto, 2011

sábado, 13 de agosto de 2011

La flor

(Correcciones Nueva biología)




La flor


Por más que esbozo,
por más que desdibujo este lienzo glauco,
petroglifos o bisontes de Altamira,
no importa dónde nos refugiemos,
no acierta esta deshilada mano
a trazar el boceto.
Somos entelequias de un proyecto
previendo su muerte al nacer:
prometido homo sapiens
desde el canal del parto
trazado por el nombre,
¿quién lo dijo, ¡quién!, por primera vez?
A veces acierto a descubrirlo
en la carcajada de la nube.




Y en la lombriz.




Ya huelga el umbral del cielo.
A un paso de dios,
nos hacemos flor.


Sofía Serra, 2010.

viernes, 12 de agosto de 2011

Palabras de Proust

Proust ha vuelto a dejarme un gran regalo a la vez que terminaba hace un par de días el quinto volumen de su "En busca del tiempo perdido" (la negrita es mía):


[...] Por ejemplo, aquella música me parecía algo más verdadero que todos los libros conocidos. A veces pensaba yo que se debía a que, al no adoptar la forma de ideas lo que sentimos en la vida, su plasmación literaria, es decir, intelectual, lo expone, lo explica, lo analiza, pero no lo recompone como la música, en la que los sonidos parecen adoptar la inflexión del ser, reproducir esa punta interior y extrema de las sensaciones [...] En la música de Vinteuil, había también esas visiones imposibles de expresar y casi prohibidas, ya que, cuando en el momento de quedarnos dormidos, recibimos la caricia de su irreal encantamiento, en ese preciso momento en en el que la razón nos ha abandonado, los ojos se sellan y, antes de haber tenido tiempo de conocer no sólo inefable, sino también lo invisible, nos quedamos dormidos. Cuando me abandonaba a esa hipótesis según la cual el arte sería real, me parecía que era incluso más que la simple alegría nerviosa de un tiempo hermoso o de una noche de opio que la música puede transmitir: una embriaguez más real, más fecunda, al menos por lo que yo presentía, pero no es posible que una escultura, una música, que infunde una emoción —nos parece— más elevada, más pura, más verdadera, no corresponda a cierta realidad espiritual o, si no, la vida carecería de sentido. [...] Como aquella taza de té, tantas sensaciones de luz, los rumores claros, los ruidosos colores que Vinteuil nos enviaba del mundo en el que componía, paseaban por delante de mi imaginación, con insistencia, pero demasiado aprisa para que ésta pudiera aprehenderlo, algo que pudiese yo comparar con la sedería embalsamada de un geranio. Sólo que en el recuerdo se puedeya que no ahondar— al menos precisar gracias a una determinación de circunstancias que explican por qué cierto sabor ha podido recordarnos sensaciones luminosas, al no proceder las vagas sensaciones de Vinteuil de un recuerdo, sino de una impresión [...] no habría habido que encontrar una explicación material de la fragancia del geranio de su música, sino el equivalente profundo, la fiesta desconocida (de la que su obra parecían fragmentos disyuntos, los pedazos con fracturas escarlatas), modo en el que oía" y proyectaba fuera de sí el universo. En aquella cualidad desconocida de un mundo único y que ningún otro músico nos había permitido jamás radicaba tal vez —decía yo a Albertine— la prueba más auténtica del genio, mucho más que en el contenido de la obra misma. "¿Incluso en la literatura?", me preguntaba Albertine. "Sí, incluso en la literatura." Y al volver a pensar en la monotonía de las obras de Vinteuil, explicaba yo a Albertine que los grandes literatos nunca han hecho sino una sola obra o, mejor dicho, han refractado mediante diversos medios una misma belleza que aportan al mundo.
Marcel Proust. "La prisionera" (En busca del tiempo perdido)




Me llama la atención que Proust, al referirse al arte siempre lo haga, al menos por ahora, a partir de la experiencia vivida a través de la percepción de la música (Vinteuil) o de la pintura (Elstir), aunque en este pasaje tímidamente nombra a la escultura. La literatura, "su arte", la relega al principio a la herramienta de plasmación del análisis, aunque al final se ve que le abre un hueco en ese particular, por propia, de él, teoría del Arte que desde que comencé a leer esta obra veo que va "construyendo" o argumentándose.
Me pregunto si de aquí al final nombrará a la poesía (verbal). Si lo ha hecho antes, me ha pasado desapercibido el supuesto pasaje. 
Estos "provistos por escrito", al menos los de esta mi edad, no son mis "fuentes", como Javier Valls me comentó el otro día, es decir, no extraigo conocimiento esenciales a través de ellas. Estos Provistos por escrito llevan funcionando en mí de otra forma desde hace ya más tiempo del que una desearía. Simplemente me confirman en mis suposiciones o  "creencias". A veces, en el ejercicio de la lectura desde hace bastante más que demasiado tiempo, me siento buscando no la respuesta, sino tan sólo el apoyo, me proveen de compañía mental en el sentido de que encuentro lo mismo que yo pienso, expresado "grafiado" por otros seres humanos. Lo cual significa para mi espíritu un gran consuelo.
Aunque no encuentre nada "nuevo", eso es cierto.

La canción del guindo en flor

(Correcciones de "Los parasoles de Afrodita")
Ayer lo recordé, al hacer esta fotografía




La canción del guindo en flor


Cascarón de amor.
Cascarón de un huevo partido en dos,
colmo del revés o del derecho,
si no vuelvo, no hallo paz.
¿Qué será de lo que abasteces
a esta turbada lluvia?
¿Eres suelo a donde llego?
¿Eres cielo de donde vengo?
Escurro incierta
por las esquinas
de esta dehesa:
No más celaje de media suela.
Salto brava en gotas
sobre la dura tierra de Agosto,
las metonimias escoltan al viento
que ya ni espigas que tumbar encuentra.


Ésta es mi vida.
Ésta es mi hora.
Ésta es mi brisa, éste es mi suelo.
Camino a cuatro patas,
olfateo la muda humedad,
adapto mi estómago a la curva amistosa de la tierra.
Zahorí desde el ombligo,
vuelvo sobre mí
y me tumbo de rostro
al cielo:
no quiero más,
no quiero más que lo que soy,
esta flor más entre las flores,
esta yerba más entre los verdes,
esta espiga rubia más harina,
este cuerpo en guinda. Tan en paz.


Viento que te veo,
viento al cielo me devuelves
y al aire de sus corolas llego.
Desde este suelo duelo,
canto, vivo y río
por todos lo que han muerto
queriendo quedar callados.


Que no se engañe,
que no se signe suerte
de grave o poesía tierna o leve.
Este universal navío no tiende amarras
ni hojas puerto al muelle calendario.
Yo sembré un guindo que florece todo el año,
su fruta colma ya este seno, ahora
las palomas se posan junto al tiempo:
No temen al equilibrio de la muerte.


Tú, nadador fecundo, suelta
tus largos brazos, baila al aire.
Riega con tu mojada piel
el cielo blanco de este agosto.
Esta rubia tarde que por la mudez se arrastra,
mejilla sobre el polvo amarillo
como el trigo del verde junio,
alimenta el hambre:
Muere hambriento
el cóncavo y marmóreo cráneo
lastrado con lasca y otra lasca
tras las huecas órbitas oculares.
Huella este territorio alumbrado
del suelo suelto de presente.
Cerca y al lado del agua,
en el sitio del guindo perenne.


Sofía Serra. Agosto, 2010.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Nosotros

Nosotros


Abedules, tirabuzones
de salvaje yerba
enredada entre las nubes.


Verdearán las amazonias
de un horizonte que no dibujo:
las manos trazan seguras
la línea entre el sol
y la marisma.
Y las cárcavas de Afrodita,
y los fiordos de Noruega
y los acantilados de Doven y los de Barbate,
ahora que pueblan las playas
algunos parasoles y ya ni Claudia
ni Julio podrían reconocerse
en sus ombligos, aunque sí
en las sienes a dos de aire
temblarán los volantes de las lenguas
del ácido mar que saltea,
que asimila
toda arena sobre arena
del hombre amontonado:
verte y no venir,
verte y no llegar
el quijotesco turno
de cada hermafrodita.
Pero, ¿y qué somos
si no sino sino?,
hijos
del comercio y del amor,
del trasvase
entre aquella justicia
y esta nuestra cobardía.


Más el río cristalino
subterráneo amasando
los nacaradas calizas
que un artista enterneciera.
O encarnara. Allí, cerca de otros bajíos
al sur del iceberg.
Al norte de nos.


Sofía Serra. Agosto, 2011

martes, 9 de agosto de 2011

Cuenta atrás

Cuenta atrás


Tan conseguidas confirmaciones
consideran ultrasónica tocada
por la mano y la punta del ala
atada a la barbilla de tu averíguame,
atrácame,
obstrúyeme
apremiante
de contenido
melifluo de un sol
cualquiera adecentado
sobre los adoquines
olvidas que el vejestorio
trabaja sin descanso
sobre los pétalos de las flores
de los ciruelos, y hasta de los magnolios.
Cuando te creé,
aún no había soñado
contigo


se desvía venerable
el solsticio por la puerta


súbitamente golpea el absorto
régimen tras la cristalina sombra.
Velamen, el viento pule el nivel
líquido sobre el cuerpo, mi cuerpo
abandona el pairo
me trae sin cuidado
hasta los cabezos amarillos y verde
navego como barco vikingo de vuelta
de las américas, roto el turno
y la razzia cuerda,
el torso
girado a mis orígenes y Laercio
alisa la huella de la estela
del iceberg ligero marisma arriba.
Junio. Sevilla. No, era mayo,
clase por la tarde. Tanto calor.
Y sed, aula a oscuras.
Doce años a medias derretidos…


Y entonces, emergió la sandía.


Sofía Serra. Agosto, 2011

domingo, 7 de agosto de 2011

Pinta de india

(Correcciones Nueva Biología. Trabajando en este poema he recordado la fotografía que comento allí en mi otro blog, ésta)


Pinta de india
Tú sabías, lo dijo valiente
la india pariendo en la pradera.




De pronto le han nacido plumas
desde el pelo conserva triste
la mirada de un niño
escondido entre los gladiolos
tan altos como sus padres.
cabizbajo el niño ha reído
y de pronto me he visto
en sus dientes de calvario de leche.
Mi pecho amamanta piedras
que se encalan.


¿qué pinta el metapoema
entre dolores de parto
en cuclillas sobre la yerba?
Qué pinta lo entendido
sobre lo que de estas manos
huye sin advertir
qué color pintan
las auras que pintan el cielo
con los colores del arco iris
que no nos pinta,
que no nos pinta.
Construyo lo único que huelo
y oteo palmo a palmo un mar
de hombros y pechos soldados
con ojos sin cal viva que les pinte
que se devuelven la sonrisa
al ombligo,
que no tiene dientes,
que no
pinta al margen del camino,
piedra blanca sobre la tierra.


Sofía Serra, 2010

sábado, 6 de agosto de 2011

Provistos por escrito II (Empédocles)

Esta cita de versos se la debo a un buen amigo que me la envió hace pocas semanas. Me pregunté al leerla, cuánto tiempo más seguiremos diciendo-viendo lo mismo. O mejor cómo es posible que olvidemos lo que tantos han dicho antes que nosotros. Parece que nuestro sino es llegar al mismo lugar por nuestros propios medios.
Los estudiosos han interpretado siempre estos versos del agrigentino desde su teoría de la metempsicosis. A mí no me sonaron a nada de eso, me conmocionaron, primero por su "modernidad" y después porque me recordaron mi propia poética, la vertical memoria, o teoría de lo que somos y el olvido que consentimos sobre nuestro paraíso imperdible.


Pues yo fui alguna vez un muchacho y una niña y una planta, y un ave y un mudo pez marino[Al nacer] lloré y gemí al ver una región insólita...
(Empédocles, fragms. 117-118)

jueves, 4 de agosto de 2011

Níobe o la mujer poeta

(Correcciones Nueva biología)


Níobe o la mujer poeta


Da igual lo que pienses sobre el florecer y los lirios.
Los cambios permanecen empapados
bajo el barro seco de una memoria
que sólo algunos ojos humedecen,
ablandan
esta costra y duelen… duele tanto asimilar
cómo se levantan los lirios.


Rompieron paredes
cuando ya el abisal canto del cuco
dirimió
entre el sol y la tarde
que sólo existe un dios inacabado
que crece y crece hasta
que las arterias revientan
de sangre, pura sangre
de lodo y dolo
por estas muertes propias de lo ajeno.


Da lo mismo a todos.


Los lirios a toda vela cabalgan
aunque aprisione sus raíces
la tierra dura,
tan dura como tanta
fuerza llora
la prensa hipotálamica de tu vestigio.


¿Qué hay de lo que fuiste cuando dejaste de ser?


Me balanceé al son del columpio
que me soñó sin yo serlo,
breve paisaje deslizado
bajo las volátiles piernas
de la niña siempre riente
al estreno
del estómago desbocado al aire
del vaivén
del cielo al alcance.


¿Para qué sirven los dones más que para enlutar?
Todos eran mis hijos.
Uno a uno los fue matando
hasta hacer nacer cada uno de sus versos.


(Sofía Serra, 2010)

lunes, 1 de agosto de 2011

Canción de una anciana que ya murió

Canción de una anciana que ya murió


Bestialidad y vida afloran
indisolublemente unidas.
Soy yo más tú
sin andamiaje,
sin convulsos vetos
sin abejorros ni respectivos aspavientos,
cómplices, en perfecta armonía
y equidistancia exacta del pellejo a la piel
de la una al otro jamás,
sola y justa, perpetua.
No yo.


Argumentos insostenibles
por estas manos que se descuelgan
sobre la noche que muere
al final del mar de azoteas
que imagino.
El calor se posa grandilocuente
y cálido
como un buda que otea
buscando la boca que más hambre tiene.
Tú eres fresco,
pero nada transparente,
en el mar de tus ¿cojones?
—te ahogaste en ellos—,
así que te hace el hielo.


Yo sé que contigo vive sola
con ella, sola criatura,
lobo suyo,
niño bueno, niño
cuerdo y fino niño
y ahora los colmillos
que te afilaron
se ceban en la más tierna carne.
Y ella es la nada,
nada más que poder
doler.


Cameraman, y mi estulticia
solapándote, atendiendo a tus razones
de milicia como si hubieras
extendido a mis pies los parterres
de flores del parque de marialuisa,
dicen, ventilando argucia,


como si yo fuera a tocarte
como si mi ventisquera,
porque ya es agosto
y cantan las hojas
llamando al otoño,
corriera rauda por el barranco gravero
de un hoy tan seco
tan duro y fósil, hermético
en el sentido de las agujas
del reloj de arena.


Veo mi vida como un saco de muelas
recién extraídas que hubieran abandonado
el dolor en la boca de algún amante,
algún lobo serio tuyo de raíces
y venas al viento, de pelo teñido
con la henna de la luna que templa
mamparas de acero, blancas,
sobre los raíles de cuerpos que duermen
con la garganta abierta al cielo
de una noche de verano
que yo ya he olvidado.


Sofía Serra. Ayer, 2011

Provistos por escrito I (Italo Calvino)

Inauguro sección en este blog que me prometo etiquetar como es debido (habilitaré gadget correspondiente en la barra lateral). Estará dedicada a recoger palabras de otros, conocidos o no,  que por cualquier circunstancia las siento como mías, o me gustan, o me impresionan o han impresionado, en fin, dignas según mi criterio, de recordar y extender. El título de la sección: Provistos por escrito,  hace referencia a una especie de poemario que un día comencé hace mil años, un poemario en prosa con formato de obra de teatro y que literalmente hice añicos, :))), y después pasé por la candela con leña de encina, para no variar en mí habitual percepción sobre las cosas que voy haciendo. Como se me queda todo "antiguo" o "viejo", hago "limpieza". Siguiendo el hilo de las que hoy transcribo escritas por Italo Calvino, yo "no me resulto nada clásica para mí", pero sí han resultado demasiadas ya los autores o los versos, o las palabras de otros como para intentar seguir conservándolas en la memoria nada más. 
La intención no es promover debate; ese, se da por supuesto, está abierto siempre. Su fundamento es alojarlas en este blog, guardarlas aquí, no habilito archivo de ningún tipo para guardarlas en mi ordenador.
La de hoy es más extensa, tal vez por corresponder a su inauguración, pero supongo que la mayoría de las transcripciones serán mucho más breves.
Ah, se me olvidaba, a partir de hoy intentaré que las entradas de este blog vayan escritas en color verde.
* * *

1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele decir: "Estoy releyendo..." y nunca "Estoy leyendo".[...]2.  Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.[...]3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.[...]4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera5. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.[...]6. Un clásico es un libro que no termina de decir lo que tiene que decir.[...]7.  Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).[...]8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.[...]9. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.[...]10. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.[...]11. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.[...]12. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce enseguida su lugar en la genealogía[...]13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.14. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.

ITALO CALVINO ("Por qué leer a los clásicos". Ed. Tusquets, 1992)
 
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