domingo, 30 de octubre de 2011

La esquiladora

(Correcciones Nueva Biología)


La esquiladora


En este mundo atisbo
por la costumbre boca
y la palabra madre, y las palabras padres.

Por la costumbre boca de tu oído al tobillo
de esta veterana práctica
de ambular sobre el noctivago,
el día confuso y las fusas
que agitaron el combustible
que de tu boca padre mana
y de tu boca madre sana.


Aquí despiertan indigentes desnudas.
En la acera piel y en el negro asfalto
duermen las células de sus pellejos,
órbitas oculares en las calles,
en la corteza de las encinas,
en los troncos de los plátanos también desnudos.
Aquí se despiezan las otras carnes
tiernas para el mercado.
Se rascan la barriga y mullen entre lanas,
consignan su estratagema entre las ubres
de no sé qué diosa que exista.
Si nadie la alimenta, si nadie la pronuncia,
¿a qué tantas piernas dándola por invencible?
Aquí, dios, entre tú y el frío,
ha nacido un cobarde de tus manos,
una vil estirpe de alguno de tus dedos
que floreció en manzanas aún sin nombres.
Aquí, dios, te pregunto instándote,
por qué siempre aguzas el oído al balido leve:
Los gritos se me mueren en las manos
y no doy abasto para tanto sudario,
para tanta capa de negra lana,
para tanta tumba de palabra.


(Sofía Serra)

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