viernes, 18 de febrero de 2011

Moritura (poético canto)

(Edito hoy 18 de febrero por la mañana aunque esta entrada la hice anoche aún sin conocer la noticia que hoy  me conmociona. Rosa, que llevaba su blog de ayuda a todos los que no sabemos manejarnos por los entresijos técnicos de este soporte, ha fallecido. Éste era su blog.


Apenas la conocía, sólo una vez visité su blog, hace ya más de un año, pero la noticia de su muerte me ha conmocionado. 
En este espacio que algunos tildan de virtual hay tanta humanidad como en cualquier otro espacio que cree el ser humano, y por tanto la pérdida y el dolor están tan presentes como en la vida misma.  Esto forma parte de la vida, y para muchos, entre los que me encuentro, es tal vez la única forma posible de entregar lo que nos distingue como seres humanos.
Sirva esta entrada, esa rosa helada pero sin embargo aún viva, de homenaje a esa persona que hizo posible que otra muchas les fuera más fácil su caminar por este soporte que  a buen seguro le satisfacía por cualquier motivo.
Y ese poema, ese poema que no sabía, no supe nunca hasta esta misma mañana,  que escribía para ella. Para Rosa y su escaparate.)


La fotografía pertenece a una pequeña serie, casi anecdótica y hasta doméstica, podríamos decir, que hice bastante tiempo antes de escribir este poema. Pero hoy se ha "rehecho".





Moritura (Poético canto)

Caen vencidas las hojas
desprendidas del hilo de savia que les dio vida,
como nacen muertas estas palabras,
ya sin curso ni lugar,
abocadas, desde mi boca,
al común silencio de la muerte.
Por el destiempo.
Por la flemática suerte o elección,
en todo caso, rosa de juventud.
La rosa de la cálida estación ya se mece al compás de los vientos invernales.
Sus pétalos se desprenden uno a uno de su cáliz aún pálpito,
lentamente, torturando las entrañas de la flor
conforme la helada cumple su deber de verdugo
tal como el paso humano la resuelve.


A la cita, al encuentro con mi parte,
yo, tan puntual, he llegado tan tarde…


Si por mano cierta del destino mi voz llegara a silenciarse,
te ruego prestes atención al canto tácito de las estrellas,
las que caminan cautivas de la noche sorteando el insondable abismo
que parece separarlas para no llegar nunca a encontrarse
más que en esta palabra que ausenta vida y razón
por intentar respirar en el aire de la feroz acometida
del viento humano, huracanada ceguera,
que ya no sé si eternamente perseverará
hasta aventarme o asombrarme.


No olvides que el silencio existe.
No olvides que únicamente tus oídos
sabrán traducir lo que se dice.
No olvides que si vives
es sólo porque el mudo enmudeció un segundo,
justo instante en el que con tu llanto
derribaste la ciclópea muralla del mundo.

Sofía Serra, Septiembre 2009 (Canto para esta era)

2 comentarios:

maria candel dijo...

Me uno al recuerdo de Rosa, que alguna vez tambien visité en su espacio, buscando ayuda.
Precioso tu poema, Sofía.
Un abrazo grande.

LA VOZ QUE NADIE APAGA dijo...

Hola, Sofía:

Mi visita de esta noche a tu blog ha sido realmente provechosa. Así que volveré con más sosiego para releer y seguir leyendo.

No cejes en tu empeño de publicar tu obra ya sea de una u otra forma. Solamente quienes desconocen la naturaleza de la creación artística pueden atribuir vanidad o arrogancia a la necesidad que el creador experimenta de comunicar su arte. Y, por favor, no interpretes mis palabras como un consejo sino como un ruego.

 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.