domingo, 21 de noviembre de 2010

Regalos que suben desde el suelo

Hace tiempo que renuncié a utilizar el lenguaje discursivo para intentar explicar lo que me conmueve, gozo, padezco, me haces, me das, me quitas o me provocas, tú ser de enfrente ojos limpios de ti (me parafraseo). De nada sirve explicar cuando no se quiere comprender o simplemente no se está capacitado para ello. La carencia de ciertas células que hoy en día llaman espejo obliga a muchos seres humanos a permanecer en el atropello de la ignorancia.

Sin embargo, esta entrada será hoy una mezcla de lenguajes, hasta el que este medio posibilita de la inclusión de enlaces, inclusión desmedida de hoy, algo "interdisciplinar" como dirían los estudiosos. El mestizaje nos concita. Yo me debo, soy porque vosotros sois.

Han sido semanas, desde que publiqué mi libro, en las que, de haber sido otros los tiempos, tiempos anteriores en mi vida, este blog hubiera estado regado, inundado literalmente de "discursos" explicativos. Pero como digo, hace mucho tiempo que me llegó el conocimiento de la inutilidad de tales esfuerzos, porque explicar, amigos, siempre comporta inutilidad, además de resultar obscenamente desgastador. Esto se lo digo en el oído a mi hijo últimamente, aunque sé que es algo que deberá aprender por sí mismo.

En estas semana he recibido dos hermosos regalos que me han facilitado poder reconciliarme con la benefactora salud (vuelvo a parafrasearme) que me proporciona el hecho de tener la suerte de hallarme inmiscuida en lo que desde mi más certero y genuino yo me conmina constantemente a seguir creyendo en la Poesía como único camino de conocimiento verdadero sobre esta costra que todos habitamos y, otros, construyen.

Sendos regalos arman esta entrada, la hermosísima canción de María Bethania y la posibilidad de haber hecho la fotografía, ambos proporcionados por ese tipo de personas que en ese poema fundamental en mi poética, nombro como ángeles preclaros. Tienen nombres y apellidos, como normalmente nos situamos en este mundo para poder identificarnos ante los otros, tal como paralelamente  sucede con el reconocimiento de los rostros, esa tan misteriosa capacidad de la psique  por la que por la visión de unas facciones, sin ser capaces de definirlas ni concretarlas, estamos habilitados para RE-CONOCER  a nosotros mismos y al ser de enfrente, el hermano y el contrario, el ojos limpios de ti, el espejo en el que nos miramos. Nombre somos en esta costra, nombrar es parte del camino de la poesía. Rostros somos en esta costra. R(o)astrear es parte del camino del conocimiento.
Ellos son Miriam Palma Ceballos (quien me ha regalado la canción) y Manuel Mayorga Pérez (la persona retratada), al que hace apenas dos días tuve la fortuna de conocer en una de las presentaciones de libros publicados por Bohodón.

GRACIAS






Ya sé que te avienes,
y sé que no esperas,
ya sé que emulan cantos los dioses
por cicatrizar la herida
que en tu bajo vientre,
en tu juventud pertrechada a bandazos de espigas, jugó la partida
sobre
el cielo.
Ya sé, ya sé, ya sé,
que no empañas,
ya sé que no abaratas,
ya sé que descompuestamente en este alma
que asomas, 

comparas, acudes, restriegas
con pastilla de jabón lagarto-lagarto acunada en los cuencos de tus ojos
que ven sin espera
la alegría que a todos alienta.
Sé mi descanso, mi tú siempre seas,
Hombre abierto de ti, despejado y limpio
como este cuarto claro que desde hoy ya te alberga.


(Encuentro es sólo testimonio de un hallazgo en el afuera de lo que adentro alojamos.
Es, quizás, la única y más portentosa recompensa que el proceso del extrañamiento que el acto poético comporta, consigue sin esperar obtenerla.
Desearía no tener que volver a oír que la capacidad fotográfíca le está vedada al poeta. La ignorancia es la más ciega de las facultades intelectuales del hombre.)

Los regalos caen del cielo
para aminorar la marcha de las eternas batallas
entre mi suelo y el disfraz
del que se visten.
Combato a todas luces innecesariamente
cuando tus nubes,
tu caverna azul
y tu noche estrellada juntas entretejen
las alas de la buena marcha
sobre este limo escondido bajo las piedras.
Emplazo al suelo como puerta.
Que me das
en esta suerte de hombres cesados del

me enllagas, tú me conmueves, tú me engrandeces,
tú que señalas la buena estrella
sobre mi frente.

Sofía Serra, 20 de Noviembre de 2010

Que la ingenuidad, como dijo la poeta, constantemente permanece siendo más que ella, nuestra.
Como en algún verso dije: Buena suerte la mía de ser poeta.

2 comentarios:

isabel gutiérrez dijo...

El rostro de este hombre habla de sí mísmo, de su ser trabajado y doliente. Parece estar diciendo: sé mucho, mucho he sufrido, pero aquí estoy con mi mejor mirada, para que vosotros no sufráis.

Me ha conmovido cuando dices:


...Emplazo al suelo como puerta.
Que me das
en esta suerte de hombres cesados del

me enllagas, tú me conmueves, tú me engrandeces,
tú que señalas la buena estrella
sobre mi frente.

tránsitos dijo...

Suerte la nuestra, Sofía, por haber tenido acceso a ese universo que te habita, que habitas...
Un abrazo desde un balcón al sur, donde están comenzando muchas cosas, todo.

 
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