sábado, 9 de octubre de 2010

Corazón de hierro batido (canto otoñal)

De un conjunto que escribí sobre el otoño pasado y subtitulé  "El deshielo" para incluirlo en "Canto para esta era", pero que hoy creo va para el poemario que sigue a ése, "Del bestiario de los inocentes".

Corazón de hierro batido (Canto otoñal)

Del edén eyaculado nacerá la estigia provocadora de las mieles sobre el triunfo y el afán supremo, gobernadora de la mayúscula tiranía que ennegrece el perfil sucinto de la voz sobre el eco, anterior al eco y futura resonancia de sí misma sobre la penumbra hallada en la montaña que genera el valle del río que en la misma laguna acumula/
todo el poso, el gemir de los crisantemos,/
los enlodados barrios donde vitales sacuden sus aletas los generosos y fluviales seres vivos,/
mis artes marciales, mis sobrecogedoras compañías/
afanadas en el estómago vivo y palpitante.../
En la rosada simiente de la aurora, ¿qué más puedo desear que tu acontecer?/
Río cerrado, te marchaste sin conocer al tiempo,/
al sondable cauce de tu infinito retroceder ante el sol, el ocaso y las estrellas,/
reservándote para un devenir sin lealtad que auguraban ya las hojas caídas sobre tu/
reflejo de todos los narcisos llamados nubes, mimbreros o simples juncos./
Sobre el margen, sobre la orilla de tu lámina invertida pasea/
el río de la vida,/
el marginado río de la vida,
el suculento manjar de la bestia incorpórea,/
la de la boca grande, la de la boca hueca,/
la de las fauces abiertas en son de canto prohibido,/
insonoro, de infértil matriz, respuesta a lo que sin dedos/
y sin amargo trago huye de su vínculo/
buscando la desmesura de la sequía./


En el estero, desde el desierto, fingen sus aromas los eternos candiles/
de carburo hidrogenado./
Mas tú, viva, vuelcas la copa de tu bebida. Vacía derramas/
el ardor candente de la juventud:/
Doy amor a todas luces sobre el pervertido horizonte que nace inclinado,/
siempre para las herrumbres, siempre,/
hasta habilitar el estuario como negocio de chatarras./
Del orín del hierro a tu justa sólo hay una vida./


Y el borde, aquí este borde abisal que en su sima te contuvo generando Roncesvalles/
donde poder cavar la tumba del olvido sobre la infranqueable temeridad/
del ser humano y su orgiástico deseo de cumbre y sangre./
Aquí sobre este paso te rodeo para envenenarte./
Aquí levanto tu bandera para seguir matando/
con la pena de lumbre y fuego,/
que el amor cubre, el amor reparte, el amor, tranquilamente, avanza sorteando, vestido/
de sí mismo, como si no tuviera nombre, que no lo tiene, ni el don/
para transformarte más que en hombre, a duras penas,/
sólo en hombre./

Sofía Serra (Octubre /Noviembre 2009)

1 comentario:

Rosa María dijo...

Río cerrado, te marchaste sin conocer al tiempo,/
al sondable cauce de tu infinito retroceder ante el sol, el ocaso y las estrellas,/


Es una gran oferta a la invitación de la calma; sentarse, oirnos y besarnos.
Un saludiño

 
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