martes, 17 de agosto de 2010

El desvelo (para mi amigo Manuel Moya, autor de "El sueño de Dahckla")

Sigo re-corrigiendo "Canto para esta era".

A Manolo Moya lo conocí cuando tenía 19 años. Era el mejor amigo de un novio que por entonces tuve,  como si fuera su hermano podría decirse. Ya en aquel tiempo despuntaba en él esa especial sensibilidad, inteligencia por la que, casi treinta años después, no me causó sorpresa verlo convertido cuando lo reencontré en la vida en un digno y respetable, RESPETABLE, esto es muy importante para mí de señalar, poeta y escritor. Recuerdo que me ayudó con la la elaboración de un trabajo que tuve que realizar para la asignatura  Historia de la Literatura  que por entonces se incluía en los planes de estudio de la carrera de Geografía e Historia. me tocó hacerlo sobre el libro "Poeta en Nueva York", de Federico García Lorca. El profesor que impartía la asignatura no era, digamos que el ideal de profesor, esa guía con la que todos soñamos  nos haga como mínimo interesante la asignatura que explica. Muy al contrario,  a mí, que era amante de la literatura desde pequeña,  estaba consiguiendo separarme de ella nada más que por su nula capacidad no ya pedagógica, sino  diría que hasta humana en el sentido de no lograr provocar ningún tipo de empatía con aquello que tenía entre sus manos, tal era su talante al menos percibido desde mi sensibilidad. Resultaba, además de decepcionante, verdaderamente estresante contemplar cómo una materia tan rica podía quedar despegada de nuestras neuronas tan sólo por la insufrible arrogancia de ciertas personas metidas a "vocaciones" que no son la suyas.
Pero entonces Manolo Moya elaboró para mí una serie de fichas con guiones exhaustivos sobre el libro en cuestión, las cuales nada más que tuve en mi poder  y leí consiguieron reavivar esa llama que me unía a la literatura. Lo que percibí en él, que por entonces contaba con aproximadamente los mismos 19 años, en su agudeza, en su capacidad analítica interpretativa, en su capacidad perceptiva por los lenguajes poéticos, de un texto además tan complejo, hizo que volviera a creer en eso que sin saber aún como nombrar sentía que me unía con el espíritu creativo,  e inteligente, del ser humano.
Si no es por él, hubiera dicho adiós al contacto con las armas literarias y artísticas probablemente para siempre.

Hay que ver lo que puede hacer un maestro cambiado de sitio en nuestras vidas...
Y, también, un amigo llegado a tiempo en las mismas.



Título de la fotografía: Sedentes


El desvelo (Para mi amigo Manuel Moya, autor de “El sueño de Dahckla”)


 Enlaces:  Manuel Moya  y  El sueño de Dahckla

En este desvelo que, promiscuamente ensordecido/
tras los ruidos de los motores, bautizado/
por las aguas del devenir vital, acaba por/
depositar el espejo de cuerpo entero sobre la piel del segundo, del tú al que hablas/
habituada a entreverte siempre de soslayo, sólo ligeramente abocetada/
por la mirada del opuesto a la tuya,/
del ser de enfrente,/
tal vez ojos claros,/
tal vez ojo discapacitado ya por las fiebres de la edad,/
tal vez ojos dorados,/
seguro ojos limpios de ti,/
ojos que sintetizan en sus iris la sincronía de tus pasos con los de la gemela que va/
renunciando a sus huellas sobre la arena…/
En aquél y este desvelo, como decía,/
se sufraga la perfecta caricatura./
Por más que se excuse, por más que hable, por más que degenere./
¿Acaso no la ves?/
¿Acaso tú no tienes la tuya?/
¿Acaso todos no vertemos sobre el pañuelo de la vida/
no sólo nuestras lágrimas, sino también las excreciones/
de nuestras mucosas, pieles en semicarne viva duchas en protegerse/
con los lubricantes transparentes originados por la histamina segregada/
ante la propia visión/
de nuestras existencias,/
de esos seres que, sin haberlos soñados, terminamos por ir esculpiendo como verdaderas/
estatuas vivas,/
autorretratos de poca monta, o ninguna, que concluyen su tiempo sirviendo de retrete a las palomas?/
Como caricaturas,/
como santos sudarios,/
como cantos vivos tan sedentes como la roca varada en la vena litúrgica de la tierra,/
No más somos aquello que nunca podremos contemplar: la visión del otro sobre nuestra propia efigie./
Nula la posibilidad de encuentro con nosotros mismos,/
cae el imposible dogma,/
la fe concebida a golpe de coitus interruptus sobre cerebros cincelados/
con los vaivenes de las centurias en las que la unicélula tuvo que aprender a protegerse del hielo/ acumulado en los glaciares./


Y ya, en el momento sin pausa,/
sollozamos, tal vez por puro desconsuelo,/
hasta que el sol pudo reventar./
Y, así, desautorizamos a la sevicia,/
con estos brazos abiertos que recogen el corazón diastólico de la poesía./
Mas olvidamos prever/
que tras la supernova acontecería el futuro sin aplazamiento./
Que las piedras continuarían semivivas generando costra helada sobre la tierra./
Que los ciervos sólo serían visibles cuando nadie los mira, a las ocho de la mañana./
Que la senectud únicamente genera semillas fértiles en la oscuridad de la valentía./


…Y yo, sembrando madreselvas a destajo./
…Y tú, abonando las tuyas./


…Los aires, los aires de la estepa sedentaria recorren la lontananza/
de ese mar tan generoso, tan pletórico de sí mismo y de nosotros,/
tan abundante, tan fantasmagórico, tan habitable, tan inaprensible, tan de soslayo y tan inmanente./
Tan nuestro mar de humanos sitiado por esos temerosos pies que apenas se atreven a traspasar el borde líquido de su orilla./
Gentío, ¡gentío descolocado!:/
¡A nadar!. A nadar, ¡a nadar!,/
a ejercitar brazos y refrescar los rostros resecos,/
caricaturas de lienzo,/
¡venid a sumergiros!/


Para no tener que seguir batallando./


Y así, tras el deshielo, encuentro tu cauce de nuevo/
entrecruzándose con el mío en el amplio delta, y, como entonces,/
ancho y despierto, tu cauce,/
como tus azules o verdes ojos siempre abiertos,/
y tus francas manos siempre abiertas, siempre cauce extendido, gobierno de la sin tregua/
avenida de lo que ya no sé si puedo llamar río,/
que ya nombro poeta mar,
humano poeta que humedece las resecas arenas de los humanos abandonos./


Sofía Serra Agosto 2009



Título de la fotografía: Ver-mer 

2 comentarios:

mensajes a claro dijo...

Que la senectud únicamente genera semillas , Me gusto Mucho.

Anónimo dijo...

Gracias por tus dos comentarios "mensajes a claro", que el otro día no te las di. Discúlpame.

Sofía

 
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