viernes, 13 de agosto de 2010

Canto de egoísmo

Sigo en lo que me da lugar corrigiendo "Canto para esta era". Con este poema más o menos exactamente arranca.


Título de la fotografía: La bacante



Canto de egoísmo


Antes que el ser y la belleza estás tú, hermano de mis células./
Antes que la causa y el mismo recuerdo de tus pasos, que no fueron pasos,/
sino llantos de la misma esencia de la nada por sentirse deshecha, deshijada.../
Y si tú no puedes cantar, tuya será mi voz. Y no hallará signo el fracaso./
Y si tú no puedes llorar, de mis ojos brotará el manantial salado de tu alivio./
Y ya no existirá el dolor./
Y si te persiguen, creceré como el eucalipto y secaré la tierra, que se desmoronará llevándome consigo,/
para que tú, hermano, puedas volar como mereces sobre nuestra propia fosa abisal./
Hermano de mi yo, de nuestro yo sin verbo, del total destino del ser UNO a UNO,/
hermano mío, hermana tuya soy,/
aunque en ti no me halle, aunque sobre ti yazga la permanencia del olvido./
Tan ausente ahora./


Vengo ya de tan lejos, que ni los ojos de tu nuca podrían contemplar el lugar, el allá tras el curvado horizonte de la lejanía,/
que sólo fue mía y sólo hoy puedo nombrar como mía y ajena a ti y a mí./
He habitado ya tantas moradas que este encuentro surgido en el abismo,/
un castillo de cuentos/
posado en la vertical de la aguja de la pétrea existencia,/
sólo me habla de que una más puede alimentarme y cubrir mis hombros que,/
antes,/
sufrieron el frío./
He vigilado tantas noches que tu hallazgo sólo dibuja luminiscente estrella,/
sol nocturno y breve,/
como tantas que me iluminaron, y como tantas otras,/
astros límpidos que tuve que dejar atrás./
Nada cansa, nada llega,/
que todo construyo para que habites por mí/
en nuestro paseo siempre esférico que se engulle tragando su propia curva que lo hace recordador,/
como el verdadero ente implosivo capaz de perpetrarse a sí mismo./


Tú, hermano, puedes seguir quedándote quieto, contemplar el paso de la luna sobre tu mente, mi amada entelequia, y rezar con buen deseo por el andariego visitante./
Pero nuestro estómago será siempre uno./
Yo deposito mi mano sobre tu frente.
Así comprenderás que, sin moverte, también puedes visitarme./
…Y entonces ya no anhelarás la llegada del hermano./
Aquél que yo contemplo cuando el tiempo posa su calor sobre mis hombros transformándome en encina de parra florida./
Aquél que también necesito./
Aquél que vive por ti.


Y seguiré mi camino alimentando tu propia turbina en flor,/
que yo te amo, rey de reyes, hermano mío./

Sofía Serra, Julio 2010

No hay comentarios:

 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.