jueves, 13 de mayo de 2010

Los cotiledones

Los cotiledones

Fuente y albedrío libre de junto a mí:
ya sobrenada tu agua bañándome entera
desde mis propias manos.
Suerte sal y urbano renombre del monte sobre el monte de Venus,
o sobre la colina del loco,
hacia estas orillas vivas de estuario
que se abre a la barra del río que me hace y renace.

Ay, amor, cómo destilan savia
las flores de estas jacarandas,
altas, altas como los rascacielos.

Desde estos valles de verde amapola,
yo respiro exaltada sobre mi cadera enlazada
a tu alma contraída del vértigo
a los dólmenes que sostienes con las puntas de tus dedos,
a los adoquines mojados,
al pilar-soledad de tus saltos sobre las vendas de seda de la droga blanda, dura y tierna
de las carnes atusadas de las diosas que no son griegas,
solapando temblores, apisonando tu bomba-corazón
bajo las otras humanidades, las otras voces,
las vampiras de la celeste sangre.

Y todos abastecidos sin saber que el agua que bebemos
no proviene más que de un mismo pozo que no tiene nombre.
Mar eterno, mar sin orillas, mar subterráneo bajo la costra dura de
la nomenclatura.

Ya se yergue salvaje y sañuda el ave de la suerte, ¿suerte?
Suerte nuestra de Ser de Hombres.
Sino lleva otro nombre sin nombre de vida y marea, la vena
que nos atraviesa de parte a parte y no duele ni contesta.
Ay, salvaje yunta, ay, clámide que te espera,
velo opalino a horcajadas sobre tus mejillas,
sobre tus caderas tan amadas, tan mías... tan de mí.
Tanagra abrigada, ¿a qué esperas para desembarazarte
de tu telúrico manto de lino que te ampara?
Luce como la Venus de Milo, aun sin brazos,
luce cual estatua blanca de alma y
vida predispuesta a tornarte
en manca y grande esposa viva
del hombre y su tierra y su agua clara
que mana del pozo del que ya naciste.
¿Libertad manca?...libertad de aire.

Cerrada la puerta de amapola viva no olvida que tras el paso de la corriente
de aire no quedan más que germinales nuevas semillas,
tartáricas visiones de quien anduvo soñando muerto
que duerme sobre la cama de su propia osamenta clavada al suelo de sus necesidades,
mis anhelos.

Canto al poeta en paro, canto al de celeste sangre,
al humillado ante la tierra,
ante los ojos de calvario del semejante.
Canto a la vida fecunda que adquiere nombre de vida
más allá de tus manos o los cotiledones de mayo,
canto serio sin sonrisa de risa: nunca ríes, poeta de ti.
Come risa, come vida, cómeme.
Cultiva mis lágrimas, lava mi ropa, revuélcame en tu cama.
Acoge en ti algo más que el nombre bajo el que te resguardas.

El poeta quiere estar sólo. ¿Qué le pasará al poeta?
El signo por sus alas o el saco desgajo
de su vientre descuartizado.
¿Qué le sucede al poeta que ni sabe ni contesta?
El poeta tiene que estar solo, ¿cómo puede vivir el poeta?

Poeta a más contra el viento, poeta a más contra la suerte que surte
poetas de más poeta y más voz contra la mansedumbre
y las vieras de peregrino hacia el lugar que ya sabemos.
Que no es Dios.
Sólo libre y pendenciero contra su alma, el poeta nace más allá de la entrepierna madre o las almenas que amilanan
la sombra de las nubes bajo tu cielo, bajo tu cielo,
hunde tus hombros en el poder de la mies y el sueño,
llora al nacer, que así cantaremos
con tu aire los que nos pudrimos, los que morimos, los que abaratamos este silencio
en estos míseros cantos de gozo travestido.

Ya ves cómo abro esta risa a caudales de dos manos llenas
de aire va, agua viene, tierra fértil, fuego mío,
sentencia a sangre de poeta abrasada en el viento,
no más que ente divergente ya sin voz, ya sin flores, ya sin llanto:
no más que dos cotiledones abiertos al sol de mayo.

(Sofía Serra, mayo 2010)

( y creo que con este poema cierro "Del bestiario de los inocentes", creo)

2 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Buen cierre, voto a tal. Me lo copio para leerlo con calma.

CumbresBlogrrascosas dijo...

Nunca un grito de vida fue tan hermoso, ni la reivindicación tan sensual. Ya sabes que la poesía y yo no seguimos caminos paralelos, por lo cual a veces nos chocamos estrepitosamente. Normalmente es un desastre, pero cuando la poesía es tuya suelo salir "bienparado" del golpe, como en esta ocasión. Todavía me está rebotando el cerebro con tu verde amapola.

Beso

 
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