jueves, 8 de abril de 2010

Del cuarto (claro) a la quinta







Poeta libertas (La quinta inocente)

Y vos, vos, mi señor, ¿qué hacéis?/
coger por las muñecas, de piel y carne, sí, neo-hinchables las pobres,/
sin menopausia más que estilográfica: se les secó la yerba, sí, se les secó/
en la estera de tu puerta, se desgajaron, se abrieron de piernas, se derramaron vivas/
mientras se deshacían sobre sus letras de quinta, menuda quinta es menuda/
pobre y tierna con palabras sin discurso/
y sin cuerda más que en lágrimas/
una tras otra, hila que hila hasta/
madejar emociones sueltas, emociones fuertes/
de pequeñas mujeres poetas,/
mujeres tercias, mujeres sin ton ni son aún propio ni de vida,/
mujeres verdes, mujeres inocentes,/
mujeres vivas que vivan eternamente/
bajo el silbido frío de la aviesa mirada/
a mis mujeres niñas, a mis niñas poetas./
Yo, que sin más cuartel que mi puro canto te hallé/
en la estera justa de tu cuarto,/
que trabajé soplando heridas al viento/
del amor justo y sano de buena muerte/
de ti en los otros y en mí más el balido del tronco/
hueso cuando se desparrama haciendo agua, semen, rúbrica y desgajo de ti,/
te ablando, te calmo, te exhorto, hago amor puro y bello/
a dos luces./
Y en este no saber que es pura certeza de saber lo que no eres,/
que no te penen, que no te usuren, que no te mezan/
con sucios brazos de estériles penitencias./
Tú, amor, suerte mía de mi gobierno,/
de mi yugo que en ti se rompe en papeles de esquinas azules y negras,/
de amor y gozo vivo de mi entender,/
de tu vivir sobre quien te mira y te golpea creando palomas/
donde sólo libertad vida y pura existe en tu seno... suerte de mí, que te conquisté/
sin banderas./
Que aunque yo ya no sé ni donde vivo ni donde pienso,/
ni si al mar llego o el humo arrastra/
estas cenizas de mi propia alma impregnada de/
la bruma ardiente que me asfixia casi sin nada, sin asomo de mí,/
condena a fértil llaga de grande vida, yo sé que te vengo./
Esas rejas que me libran, este cuerpo que me encuentra, estas fronteras de piel y carne/
que me sostienen en mis adentros más tuya en la huida, más azorada,/
más viva, más muerte de mí que nunca.../
Este cuarto claro no es mentira ni parca rima de desmayo ni azul gobierno,/
este cuarto con vistas a la luz clara alma,/
esta batalla de doradas arenas, de júbilo lechoso,/
de dormir en carne viva abierta al gozo de/
mirarme llena, plena agua, resumida/
en cuatro palabras de amor mío hermoso tuyo,/
es entero amor de vida./
Amor mío, amor solo,/
feraz,/
de ti./
Amor claro a todas vistas./
Amor blanco, amor vacante./
Que yo, tu condenada alma,/
a ti me someto sin ruina, sin verde, sin llaga./
Que tú ya no eres tú sólo yo./
Tú eres pan de vida y mi hambre grande/
canta viva y roja, blanca luz azul de vida en mí,/
que no soy quinta, que convento abierto a dos luces soy:/
la del sol y la mía./

 Sofía Serra, 8 abril 2010

1 comentario:

santiago tena dijo...

que hermoso canto de amor a nuestro señor, querida amiga :)

 
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