martes, 29 de diciembre de 2009

Soberbia de perversiones


Título de la fotografía: Hombre andando

Hombre andando

A mí ya me tengo ¿para qué más verme?/
Percibir aniquilando la ominosa estancia que te suprime o te condena día a día a revertirte sobre el supremo pandemónium, /
a nivelar las ostentosas manipulaciones del anquilosamiento sobre tu juventud fracturada en plena senilidad de las cosas viejas,/
que obstan , que pervierten, que suprimen, que rebanan.../
El amor es sólo potencia de tú y yo, sólo acontecida de acaso y voluntades, no más que un afán sobre la noche profunda, la inercia embatallada y vencida./

Y ya claudican las empresas, claudican generaciones completas sobre el desvivir de la suerte sobre el hombro azaroso, alejado de su naturaleza,/
de lo que proclamaste a sabiendas de tu obtuso fuego,/
el juego invertido sobre las olas recalmosas como las velas que navegan sedientas de aire imbatible, como sustenta mi pecho tu propia sombra en el calvero./
Sostiene mi gemir tu bramido permanente de profunda y telúrica ilusión de centro sobre la muerte del mutismo,/
sobre lo justo cometido cuando ya no más que rozas el porvenir/
del sin ti cuando desapareces:/
desde tus ojos a mis oídos de alma blanca...honda, más honda tu mirada que el siniestro devenir del segundo tras el oreo del batiente./

Y nevará./
Volverá a nevar sobre este puente./

Pero la fuente permanecerá abierta en su brocal al consuelo del tú más yo más que no quiero para mí. Porque si la nombras, te destruirá./

Ella puede más que todo, ella es mi contrincante. Ella, la hechicera de los hombres./
Lujuriosamente serena, ávida de sus lágrimas y sus risas, perversa algarabía de aves pendencieras/

revoloteando sobre la frente perlada:/
Perversa tú, perversa nigromante de añadas resecas y uñas avariciosas sobre esta pura piel de nácar viva, la tierna caricia que nos sostiene sobre el aire tan entretenido, tan bendecido por estos inocentes alientos./

Y ella asoma su desintegrada muerte, su simiente ejecutora de raíces en allá no ya más aquí, que yo sin ti, que sólo soy./
Pecata minuta en la ensordecedora tiniebla./
No más, no más que su perfil sobre tus labios usurando, desabasteciendo al único rayo de sol viviente./

A ese hombre de pie, a ese hombre andando./



Sofía Serra, Diciembre 2009

1 comentario:

David Lago González dijo...

Magnífico blog y bella y buena poesía que iré leyendo lentamente. Muchas gracias. Un saludo.
David

 
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