sábado, 21 de noviembre de 2009

Canto de poeta loca


Título de la fotografía: Doradas suertes de Otoño

Canto de poeta loco

Demasiadas esquinas en esta plácida lumbre de otoño,/
demasiadas para ser pobladas por el rocío./
Entablan diálogo con las verticales sureñas, almidonadas al hilo del puro jacinto y la escarcha,/
descubiertas de arrobo, de senil jurisprudencia, de suertes ilegítimas./
Justifican por sí mismas la apreciada lombriz que bajo la tierra verdea/
los otros páramos, los silenciosos, los horizontales , las jactancias./
...Y ellas, demasiado sumisas.
Demasiado sumisas.../

Y se quebró de nuevo el trampantojo:/

Poema tras las últimas horas, poema tal vez/
amarrado al ebrio verbo que presagiaba la evanescente síntesis que el mar, y tras él tal vez, las piedras, levanta.
No hay lugar para el sobrevenir más que allá, en la estera, ante la puerta del jardín de no sé qué delicias,/
pequeñas suertes, el inabarcable entorno como el de la yegua sin errar, como los eternos circunloquios que hábilmente, dueños de sí mismos,/
aterrizan,/
como ángeles caídos del cielo,/
ante estos pies ya reconstruidos./
No atisbo el mar más que tras tu mirada,/
no se evaden de tus ojos las luminiscentes, /
pero son sólo asomo de belleza cargada de sí misma tras el eterno retorno de la marea que vuelve y vuelve lamiendo melosamente de nuevo a esta orilla, /
a estas arenas, a estas piedras.../
De nuevo piedras que se quedan para vaciar el horizonte de rostros,/
para poblarlo de penumbra agigantada en el hueco de esta rima entre el sol y la tierra./

Y ya nada sirve, nada justifica tu envergadura de tierra imantada más que el dorado arrobo que tu corazón proclama./
¡Corazón, corazón!, ¿por qué pernoctas siempre sobre tu lecho de abandono, de caudal abierto como si brotaras al borde del abismo?/
Cansar para doler, ésta será tu última tarea. Como granada entre los alisios/
te recojo y te umbro entre estos brazos tuyos, te acuno:/
Duerme, duerme en tu llanto, tu eterno soliloquio de poeta extenso, sin miedo al eco o al vacío,/
al supremo reflejo del tú más tú sobre el todo. La noche, que en esta suerte dorada de otoño se ha hecho más llagada, más justa,/
aboga por mi propio desvarío de ser inconcluso,/
de ser benévolo, de canto mísero sobre las piedras, las yerbas, las aguas claras, las azules aguas./
Si de mi suerte a este abandono va tan sólo el cauce ancho de este río,/
que así sea, que no se pervierta más el mar por la ausencia de mi constante venero./


Sofía Serra, Noviembre 2009

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