viernes, 7 de agosto de 2009

Oda la luz del Sur

Título de la fotografía: La Inhumana

La Inhumana (Oda a la luz del Sur)

Y de nuevo llegó la que ausenta al ritmo batiente de la tierra en su honesta simplicidad.]
La que a los pasajeros hace desbancar de sus humilladeros de asiento obligado,
a aquellos hijos de la paz que, por no pervertir su asimbiótica calma,
claman al silencio como único y obsceno dios,
difuso, perennemente difuso,
casi desoído a través de los raíles de su siempre establecida supervivencia, tambores lejanos sin espacio ni presente.]
La que luce como habitual aureola sobre frentes y ensortijadas bóvedas.
La que vadea, sinuosa y quebrada, incesante, conllevando los rondas con el tiempo,
los cauces,
para abrir los suyos convenientes, perpendicularmente a la medida sentenciada.
La que alumbra a golpes de azada.
La que nunca flaquea. La que nunca duda. La Inhumana.

Ella conformó estériles impenitentes sobre el ileso mármol, tan blanco como ausente de su longeva edad,]
y, aun joven, recién nacida, sonrosada su cabellera y su tez de día,
se comunicó con el sol que levanta los pretiles de color azul celeste del cielo iluminado.]

Y entonces, de nuevo, se autoconstruyó sobre las calles y las clausuras,
desorbitando a su paso,
paso travieso, paso al través del tiempo,
la premura de las torpezas cometidas bajo órdenes equivocadas.

Llegó la que rige sin cetro ni purpúreo manto orlado de armiño, la que gobierna con arengas verbadas al hilo de la cristalina sombra.]

Y así retumbó sobre el orbe como trueno veloz, quebrando los sonidos del tiempo,
allá por su enigmática linde con el horizonte: el espacio habitado por los hombres.
Llamó por su nombre a cada uno, a cada ser vivo y a cada ser muerto,
y proclamó, sin ambigüedades ni equidades, que Ella a todos pertenece y a cada uno atañe.]

El infausto silencio anhelado vistió a la faz de la tierra…

Y, entonces, sonó la campana de la espadaña.


(Que no te busco, que no te buscaba,
y, sin embargo, te encontré.
Embargada la que retorna ante tu propia majestad de ente inconcluso.)

(Sofía Serra 2009)

3 comentarios:

Francisco Marcos dijo...

Es un poema en el que resalta el contraste de un modo preciso. Cada lector, dicen algunos, crea su poema a través de la lectura, y éste podía tranformarse en tantos poemas como lectores. Pero no creo en ello. En ese caso La Eneida sería millones de Eneidas y tal cosa no sucede. Ahora bien: siempre me hubiese gustado arrancar de los versos del poema lo que el autor quiso decir y lo que el lector leyó.A un tiempo. No porque haya dos poemas en tu poema sino por la conveniencia de entrañar el alma de los versos, las cadencias, el ritmo, el exacto significado de las palabras y la enjundia de las frases. El poema seguiría siendo el mismo, pero no así la hondura de su comprensión. Cualquier obra de arte precisa del diálogo entre autor y observador o lector. Discutir acerca de la palabra es tanto como ahincar las ideas de lo escrito dentro.
Me gusta el poema. He comenzado en él por casualidad. Los versos más valiosos, desde mi punto de vista, son: "humilladeros de asiento obligado", claman al silencio como único y obsceno dios" , "tambores lejanos sin espacio ni presente" (¿por qué tambores?; es que los infelices, por ser humanos, oyen los avisos lejanos) "La que luce sobre frentes". Luego me gustan los últimos versos.
He percibido cómo la escritura, más ampulosa al principio, se aligera y logra fluidez. Me da por pensar que algún clásico culterano ha sido uno de tus maestros de arranque.
Ese diálogo con el poeta es para mí importante. Pero es evidente que andas tras tu propia busqueda, que es lo que da sentido a la existencia. Me ha gustado, y mucho más cuando lo relea, costumbre que tengo, pues nada que merezca la pena debe leerse una sola vez sino diez, quince... Porque escribimos para que perdure lo que somos y buscamos. Y uno, sin dejar de ser yo, precisa del testimonio de los otros. Del tuyo, ahora.
Te felicito por el poema y hablaremos de él. Con toda confianza y sin remilgos.
Un abrazo,
Francisco

Sofía Serra Giráldez dijo...

Gracias, amigo mío, por tu interés y atención.
Dese luego que no estoy acostumbrada a un comentario de la profundidad del tuyo en mis poemas, y sinceramente bien, que lo anhelo, porque comparto al cien por cien tu apreciación sobre que cualquier obra precisa del diálogo entre el autor y el espectador lector para conformarse.Ese diálogo debría existir incluso sin manifestarse (si no no hy "obra"), pero desgraciadamnte los humanos aún no hemos adquirido el don de la telepatía, y desde luego para alguien con una obra inédita como es mi caso, es muy necesario tener constancia de qué sucede en el otro con lo que una expone.
Estaré encantada de poder seguir hablando de este poema, cuando tú lo desees.
¿por qué tambores, por ejemplo?. Porque me gusta el título de esa película, ;) y porque como todo lo que me impresiona lo recuerdo cmo un bramar dentro mía...no son trompetas ni flautas ni violines, son tambores.
Y porque la "palabra" se me viene por su sonido (acentos, vocales, consonantes etc) cuando la escribo y la hilo con lo que "pillo" y despues, siempre, instantáneamente ese "después" cobra su sentido.
Después , mucho después, llegarán las "correcciones"
"Luz del sur" es un título que he utilizado a menudo en mis fotografías más antiguas, cuando residía en el campo. Cuando volví a Sevilla, justo a la vez que esta fotgrafía, fue cuando de verdad la vi por fin, feliz. "Mi" luz, ;). O QUISE verla de verdad, ya que me sentía feliz.
¿nombras a la Eneida por casualidad?..cuando escribí este poema hacía un par de meses o tres que había vuelto a releerla, en entradas de otros de mis blogs aparece, y con ella , la obra completa de Virgilio. Me regalaron mi esposo y mi hijo por el día de la madre una edición bilingüe.
Mi iniciador en el arte de la poesía fue Pedro Salinas, pero allá por los quince años, desde entonces ha llovido mucho. El poemario del que forma parte este poema, muy largo y extenso, es todo así, con una verbalidad impresionante hasta para mí.
Si soy una gran amante de los clásicos. Un amor poco valiente por mi parte, ellos nunca fallan, nunca defraudan.
Cuando tú quieras seguimos.
Un abrazo, Francisco. Muchas gracias.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Acabo de recordar (es dificl, aunque queda grabado el mecanismo que permite cada poema, siempre se olvidan cosas, es muy complejo todo esto, :))..la película no se llama tambores lejanos, se llama "Horizontes lejanos", a mi marido le gusta mucho, (soy terrible para recordar nombres de películas o actores o iectores o cosas así) del oeste, lo he recordado al volver leer el poema, hablo de raíles en el verso anterior (los indios escuchando en ellos, ¿eh?..:) y los tambores como signo de ellos, ya sabes..en mí se comporta un ritmo interno que me es dificultoso expresar, creo, pero que sustenta la poesía que hago, no su formalidad, sino en el..digamos que el centro de donde parte, esa especie de ego intangible..un latir sin física que lo evidencie pero que percibo constantemente.
Intento jugar con ese ritmo y lo que hace la luz según mis ojos en este poema, trazar perpendiculares, como las líneas de los compases en las partituras de solfeo..el ritmo es un corte en el devenir, en lo continuo, y la luz va haciendo eso, es más poderosa que el tiempo, o simplemente una cosa distinta. "Juega con él, poderosa.. él somos nostros, los hombres, yo "me declaro" compañera del tiempo en un poema posterior..la luz "evidencia" al tiempo..algo así, :)

 
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