lunes, 20 de julio de 2009

Canto de egoísmo

Título de la fotografía: La Bacante


Rey de reyes

Antes que el ser y la belleza estás tú, hermano de mis células.
Antes que la causa y el mismo recuerdo de tus pasos que no fueron pasos
sino llantos de la misma esencia de la nada por sentirse deshecha, deshijada.

…Y si tú no puedes cantar, tuya será mi voz. Y no hallará signo el fracaso.
Y si tú no puedes llorar, de mis ojos brotará el manantial salado de tu alivio.
Y ya no existirá el dolor.
Y si te persiguen, creceré como el eucalipto y secaré la tierra que se desmoronará llevándome consigo, para que tú, oh, hermano, puedas volar como mereces sobre nuestro propia fosa abisal.
Hermano de mi yo, de nuestro yo sin verbo, del total destino del ser UNO a UNO,
hermano mío, hermana tuya soy,
aunque en ti no me encuentre, aunque sobre ti yazga la permanencia del olvido. Tan ausente.

Vengo ya de tan lejos, que ni los ojos de tu nuca podrían contemplar el lugar, el allá, tras el curvado horizonte de la lejanía,
que sólo fue mía y sólo hoy puedo nombrar como mía y ajena a ti y a mí.
He habitado ya tantas moradas que este encuentro surgido en el abismo,
castillo de cuento de hadas,
posado en vertical sobre la aguja de la pétrea existencia,
sólo me habla de que una más puede alimentarme y cubrir mis hombros que,
antes,
sufrieron el frío.
He vigilado tantas noches que tu encuentro sólo me habla de un encuentro más,
una luminiscente estrella, sol nocturno,
como tantas que me iluminaron, y como tantas otras,
astros límpidos, que tuve que dejar atrás en mi camino.

Nada cansa, nada llega,
que todo construyo para que habites por mí en nuestro paseo siempre esférico que se engulle sobre sí mismo tragándose su propia curva que lo hace recordador,
como el verdadero ente implosivo capaz de perpetrarse a sí mismo.

Tú, hermano, puedes seguir quedándote quieto, contemplar el paso de la luna sobre tu frente, mi amada entelequia, y rezar con buen deseo por el andariego visitante.

Pero nuestro estómago será siempre uno.

Yo deposito mi mano sobre tu frente y así comprenderás que, sin moverte, también puedes visitarme.
…Y entonces ya no anhelarás la llegada del hermano.
Aquél que yo contemplo cuando el tiempo posa su calor sobre mis hombros transformándome en encina de parra florida.
Aquél que también necesito.
Aquél que vive por ti mismo.

Y allá seguiré mi camino, alimentando tu propia turbina en flor,
que yo te amo, rey de reyes, hermano mío.

(Sofía Serra)

2 comentarios:

GW_Carlos dijo...

Si yo fuera ese hermano al que cantas, me sentiría eternamente resguardado de todo mal y dolor.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Pues siéntete así, que le hablo al hermano universal, y en él y por tanto estás tú incluido.
Eso sí, carne soy también, y a la carne, ya sabes que le afecta el "roce", para bien, y otras veces para mal, pero siempre es afectable, así que no puedo evitar querer más a mis hermanos de carne.
Tú sabrás, deberás elegir, qué quieres ser respecto de mí, si hermano de carne, o hermano universal, ;)

 
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