viernes, 31 de octubre de 2008

Día de los difuntos y crisis (Epitafio serio)



Pasado mañana es el día de los difuntos en nuestra cultura occidental. Y esto es un epitafio, por todos los seres que se fueron, por todas las pérdidas que nunca son tales cuando el devenir aposenta el sentido (el tiempo, siempre el tiempo, nuestra auténtica dimensión) de lo sucedido, por esas lágrimas de dolor que se vierten ante desapariciones (pérdidas sin explicación, nunca ésta posible en el momento, sólo factible en el el memento memori).
No hay nada más satisfactorio o mentalmente sano que tener un lugar donde caerse muerto, porque si no, ¿para qué vivimos?
Se vive para poder morir. Se vive para poder vivir.
Hubo un hombre que poco adquirió en su vida, pequeñas o grandes condicionantes nos hacen actuar en nuestro tiempo vivible de forma que ni siquiera nosotros mismos somos capaces de explicar la mayoría de las veces, y menos los que conviven con nosotros si además somos personas aparentemente "inentendibles". Pero es el recuerdo de los que le suceden lo que termina por darle sentido a sus actuaciones. Esa es su heredad, su permanencia.
Morir la flor cuando ésta renace en primavera para convertirse en fruto que alimentará otras vidas (¿es eso morir?)
Es tan intangible e inefable tal sustanciación que sólo puede ser aprehendido por algo tan ajeno a nuestra física de las cosas como es la luz.
Existe un lugar donde se vive, hay un lugar donde nuestra materia convertida en cenizas o detritus que alimenta a la tierra, y con ella a las yerbas, a las flores, a las encinas, a las ovejas, a los conejos, a las águilas, a las gallinas, a nuestro estómago, a nuestros aires, a nuestra conciencia, tiene dónde ESTAR, y así poder SER.
¿Para qué coño se mete un mileurista en una hipoteca sobre un habitáculo donde luego, cuando muere, no le dejan ni estar (lo mudan, lo meten en una caja (miles de euros más), lo aposentan en un nicho, o lo queman,  y la mayoría no sabe donde echar)?
La crisis (ya parece la gran estafa a la que la nos hacen acogernos) afecta a los más débiles, pero los más débiles son sólo los que pretenden pose(e)r sin saber siquiera si son o qué son.
Si no somos más que una piedra, ni una tierra, ni una flor, ni un mono, ni un "simple" elefante, si ya lo dijo alguien (o lo dijimos todos) hace varios siglos... ¿Para qué os preocupáis por el vestir...¿No veis cómo visten los lirios del campo? Y ellos no son funcionarios, ni jueces, ni maestros, ni financieros, ni políticos,  ni empresarios, ni cajera/os de supermercados, ni... con su bien asegurada integración en la cotización de la Seguridad Social.
Si lo único que nos diferencia es la posibilidad de aprehender la luz, y ni eso, sólo tal vez, la de re-crearla.
¡¡Viva Carlos Serra Blanco y su apuesta por vivir en piso de alquiler!! Con ello consiguió vida para miles de seres vivos y lugar para reposar lo que fué su materia, la de su consuegro (jugarán al divertimento forjado en marfil y azabache, vulgo juego del dominó), y el deseo expresado de otros más alejados para cuando dejen de ser seres vivos con cuerpo.
Por ti, papá, abuelo y suegro, florecen para todos las candilejas (flores de las encinas) en Abril (aquí, hemisferio Norte, Arroyo de la Plata, Sevilla, Spain, Eurooooope, ¡¡VOTA OBAMA, PLIIIISSSS!!)

2 comentarios:

GW_Carlos dijo...

YES, WE COULD!!!

Ahora, a lidiar con la II Gran Depresión.

Tempero dijo...

Solo un apunte de precisión (a lo mejor me paso de listo): por la forma de las hojas más me parece otro quercus: un quejigo o un roble.

No sé, pero cuando me muera, la mayor importancia de mi cuerpo la desearía en el desgarro de unos picos de buitres. En serie.

 
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